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¿De dónde salió Coral?

Nació en un barco en aguas internacionales, fruto de amor entre el capitán de un gran navío europeo y una enfermera puertorriqueña. Aunque fuese una extraña mezcla, el capitán amaba tanto a su esposa que siempre la llevaba consigo a todos los viajes que hacía.

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Al menos fue así. . . Hasta que ella murió en el parto donde dio a luz a Cora. Su padre, devastado, detestaba a su propia hija por ese hecho.

No obstante, Cora no tenía a dónde ir; sus abuelos tampoco la querían porque no aceptaban a su padre, y le demandaron que la criara y la cuidara de la misma manera que su madre hubiese hecho. Aquél hombre, disgustado, no le quedó más remedio que dejarla sola en su mansión que menos habitaba; en Rotterdam, Holanda.

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Cora creció y vivió hasta sus 8 años de edad en dicha mansión, siendo educada por una única criada que su padre dejó a cargo de la criatura. La muchachita veía muy poco a su progenitor, pero lo poco que sabía de él le fascinaba. En general, todo el tema del mar era lo que más le gustaba.

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¡Ella quería ser una marinera como su padre, una capitana de su propio barco! Pero mientras siguiera metida en esa mansión, todo eso sería un cuento lejano. Al menos así fue hasta un día que su padre llegó a la mansión, la muchacha le rogó y le rogó para que la llevara a uno de sus viajes. Tanto fue, que el hombre aceptó disgustado.

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Comenzó a viajar con él y lo amaba más que nada el mundo. La criada que la cuidaba fue con ellos a continuar con el proceso de educación, pero a lo que Cora más le gustaba escuchar, eran las leyendas de piratas antiguos que los marineros solían contarle para entretenerla. Ya no existían los piratas así que. . . ¿Qué daño podía causar contarle esas cosas a una pequeña?

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O al menos así pensaron durante esos años, hasta que un día en medio de un viaje a través del océano índico el barco fue abordado por verdaderos piratas que buscaban la mercancía de ese navío.

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Ese día, el padre de Cora Yako junto a su tripulación perdió la vida. La muchacha de ahora 12 años, había quedado totalmente huérfana. Los piratas no quisieron deshacerse de una taza de porcelana como ella, por lo que se la llevaron a su propia tripulación.

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Ellos terminaron de criarla y educarla durante los siguientes años sin ninguna resistencia por parte de Cora; estaba viviendo la vida de piratas que siempre había soñado, ¡Una emocionante aventura! Su gusto era tal, que incluso asistía a abordajes de otros navíos para robar y saquear.

 

A sus 14 años, había demostrado tal desempeño que era la Primera Oficial del Interceptor. Su nombre ya era un tema de conversación entre marineros "Una pequeña joven que no tiene remordimientos en apretar el gatillo, robar o tirar a alguien por la borda usando una vieja espada".  A sus 15, el capitán del barco falleció en uno de sus abordajes cerca de las aguas de Japón, por lo que ella se convirtió en la nueva capitana del barco. Y fue allí cuando ese barco pirata se volvió aún más despiadado de lo que ya era; abordaba barcos de comerciantes, los saqueaba y asesinaba a toda la tripulación salvo a uno, para que con

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Se decía en los puertos, que la capitana del Interceptor, "Coral", era una pirata tan despiadada, que ningún hombre se atrevía a cuestionar sus ordenes o a enfrentársela en batalla. No sólo tenía buen dominio con armas de fuego, sino también en combates de cuerpo a cuerpo y siempre llevaba consigo una espada. Se tenía la creencia, de que sus intenciones eran regresar a las aguas la época dorada de la piratería.

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Y así fue, hasta que un día una famosa academia de Japón la reclutó para asistir como la Pirata Defintiva, siendo parte de la clase 76-B.

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